Los restos fósiles de peces que los investigadores hallaron en Dakota del Norte (Foto: Robert DePalma)
Por Ben Guarino (Fuente: Infobae)

Hace 66 millones de años, un descomunal asteroide se estrelló en un mar poco profundocerca de México. El impacto excavó un cráter de 90 millas de ancho y arrojó montañas de tierra al espacio. Los restos de tierra cayeron al planeta en forma de gotitas de roca fundida y vidrio.

Los peces antiguos atrapaban en sus branquias gotas de vidrio mientras nadaban, con la boca abierta, bajo la extraña lluvia. Después, olas grandes y feroces arrojaron animales hacia la tierra seca, y nuevas olas los enterraron bajo el lodo. Científicos de Dakota del Norterecientemente desenterraron los fósiles de estos peces: ellos murieron en los primeros minutos u horas después de que el asteroide cayera, de acuerdo con un estudio publicado el viernes en Proceedings of the National Academy of Sciences, un descubrimiento que ha desatado un gran entusiasmo entre los paleontólogos.

“Vuelves justo al día en que los dinosaurios murieron” dijo Timothy Bralower, un experto en paleocenografía de la Universidad Estatal de Pensilvania que está estudiando el impacto del cráter y no está involucrado en este descubrimiento.”Eso es lo que es. Este es el día en que los dinosaurios murieron”.

Cerca de tres de cada cuatro especies perecieron en lo que se conoce como la extinción del Cretácico-Paleógeno, también conocida como el evento K-Pg o la extinción K-T. La víctima más famosa del meteorito fue el dinosaurio. Pero al T. rex y a los tricerátops se unieron hordas de otros seres vivos.

Tres de cada cuatro especies murieron durante la extinción del Cretácico-Paleógeno (Foto: Archivo Getty Images)

Tres de cada cuatro especies murieron durante la extinción del Cretácico-Paleógeno (Foto: Archivo Getty Images)

Las criaturas marinas y de agua dulce también fueron víctimas, al igual que las plantas y los microorganismos, incluido el 93% del plancton.

Cuatro décadas de investigación refuerzan la teoría de la extinción por la caída del asteroide, ampliamente aceptada como la explicación más plausible de la desaparición de los dinosaurios. A finales de 1970, Luis y Walter Alvarez, un dúo de científicos de la Universidad de California en Berkeley conformado por padre e hijo, examinaron una capa geológica inusual entre los períodos Cretácico y Paleógeno. El límite estaba lleno de elemento iridio, que es raro en la corteza terrestre pero no en los asteroides. Walter Alvarez es uno de los autores del nuevo estudio.

Los fósiles de Hell Creek representan “el primer conjunto de muerte masiva de organismos grandes que se haya encontrado” en el límite K-Pg, dijo el autor del estudio Robert dePalma en un comunicado.

DePalma, un estudiante de doctorado de la Universidad de Kansas, comenzó a excavar en la formación de Hell Creek en Dakota del Norte en 2013. Desde entonces, DePalma y otros paleontólogos han hallado multitudes de esturiones fosilizados y peces espátulas con esferas de vidrio todavía en sus branquias.

Encontraron animales parecidos a calamares llamados amonitas, dientes de tiburón y restos de lagartos acuáticos depredadores llamados mosasaurus. Hallaron mamíferos muertos, insectos, árboles y un triceratops. También descubrieron plumas de un fósil de pie largo, huellas de dinosaurios y madrigueras de mamíferos prehistóricos. Encontraros restos de árboles fosilizados llamados ámbar que habían capturado las esferas de vidrio, tal y como hicieron los peces.

Paleontólogos trabajan en la formación de Hell Creek (Foto: Hell Creek Fossils)

Paleontólogos trabajan en la formación de Hell Creek (Foto: Hell Creek Fossils)

El lugar tiene “todas las señas registradas del impacto de Chicxulub” dijo Bralowe, incluidas las cuentas de vidrio y un montón de iridio. En la capa geológica, justo por encima del depósito de fósiles, dominan los helechos, los signos de un ecosistema en recuperación. “Es fascinante” dijo.

A principios de 1990, los investigadores hallaron la marca que dejó el asteroide: un cráter en la península de Yucatán. El impacto recibió después el nombre de la ciudad mexicana cercana de Chicxulub. Los “mecanismos de muerte” sugeridos del impacto de Chicxulub abundan: pudo haber envenenado el planeta con metales pesados, convertir el océano en ácido, envolver a la tierra en la oscuridad o haber desatado tormentas de fuego globales. Su golpe puede haber provocado que explotaran volcanes, como lo hacen las latas de refresco al sacudirlas.

Hell Creek está a más de 2.000 millas del cráter de Chicxulub. Pero una lluvia de cuentas de vidrio, llamadas tektitas, llovió allí a los 15 minutos del impacto, dijo el autor del estudio Jan Smit, un paleotólogo de la Universidad de Vrije de Ámsterdam, quien también descubrió el iridio en el límite de K-Pg.

Los peces, presionados en el barro como flores en un diario, están muy bien conservados. “Es el equivalente a encontrar personas en posiciones de vida enterrados por ceniza después de Pompeya” señaló Bralower.

En la era de los dinosaurios, la formación de Hell Creek era el valle de un río. El río desembocaba en un mar interior que conectaba el océano Ártico con un golfo prehistórico de México. Después de que el asteroide se estrelló, las ondas sísmicas de un terremoto de magnitud 10 a 11 ondularon a través de este mar, según los autores del estudio.

El autor describió el descubrimiento como “la preservación de un nuevo infierno”(Foto: Hell Creek Fossils)

El autor describió el descubrimiento como “la preservación de un nuevo infierno”(Foto: Hell Creek Fossils) 

Esto no provocó un tsunami sino lo que se conoce como ondas de seiche, los chaparrones de ida y vuelta que a veces se ven en una bañera. Estos pueden ser síntomas de temblores muy distantes ,como las olas de seich que se agitaron en los fiordos noruegos en 2011 después del gigantesco terremoto de Tohoku, cerca de Japón.

Las olas del seiche de este mar interior alcanzaron los 9 metros, ahogando el valle del río en un pulso de agua, grava y arena. Le siguió la lluvia de rocas y cristales. Los tectitos cavaron “pequeños embudos en el sedimento depositado por el seiche” dijo Smit, “de modo que puede saberse con seguridad que bajaban cuando las olas aún están subiendo río arriba”. Esta es la preservación, en otras palabras, de un nuevo infierno.